Erase una vez un pueblecito de Cantabria llamado El Tejo, donde escondido entre mar y montaña se oculta una casa de cuento de nombre, Los Trastolillos. En ella las hadas deambulan a su antojo, los duendes hacen de las suyas y los sueños de los mortales se hacen realidad. A su alrededor se visten de color los mejores frutales para disfrute de trastos y trasgos, así como manzanos, melocotoneros, kiwis, perales, nogales y limoneros. El paso hacia la casa lo componen una serie de plantas y flores a cual más colorida, destacando las hortensias rojas y petunias blancas entre las demás. El mágico acceso a su interior hace que te olvides hasta de tu nombre, ya que un intenso olor a violetas inundando la estancia crean el estado perfecto para completar esa magia.
