Un par de días es lo que he estado atrapada en esta atmósfera suave y silenciosa, en la que el paso de las estaciones ha sido como un personaje más de la historia. He visto florecer los sakuras, cómo con el paso del tiempo iban perdiendo las hojas hasta quedarse en ramitas esqueléticas y cómo le han vuelto a crecer. Y en cada transformación, he notado cómo algo dentro de mí florecía también.
No sé si ha sido la historia, el cerezo frente al negocio de Sentaro, su protagonista, o esa forma tan japonesa de narrar lo cotidiano, el caso es que me he descubierto leyendo con una calma que hace tiempo no sentía. Detalles mínimos que, sin hacer ruido, terminan diciendo más que cualquier giro argumental.
Confieso que no tenía ni idea de la trama y tampoco había leído ni una sola reseña, así que compré la novela totalmente a ciegas. La sorpresa ha sido cuando me he visto arrastrada por su trasfondo emocional. Y es que en Dorayaki, las cosas se van revelando tan poco a poco, que cuando quieres darte cuenta ya estás dentro del todo, sin posibilidad de mantener distancia.
Sentaro y Tokue, y esa manera tan delicada de seguir adelante a pesar de las adversidades y de cargar con un pasado que pesa tanto, terminan encontrándose en un punto exacto de sus vidas.
Una novela profundamente humana con presencia, escucha y esa ternura que nace cuando dos personas rotas se conocen y deciden no soltarse.
Esta semana, su autor, se ha dejado ver por Madrid y ha estado firmando su obra en distintas librerías. Una pena no haber podido acercarme a ninguna y eso que, cuando la compré, me informaron ese mismo día del encuentro. Me habría encantado perderme en alguna de ellas y conversar con algún lector que, quién sabe, igual sintió lo mismo que yo.
Y hasta aquí mi recomendación de la semana. Y a vosotros, ¿os gusta la literatura japonesa? ¿Me recomendáis algún título?
Muchas gracias por seguir ahí.
Besos y feliz día...
SINOPSIS:
Sentaro, un joven solitario, pasa los días trabajando en una pequeña tienda de pasteles dorayakis con un árbol de cerezo en frente. Una tarde conoce a Tokue, una anciana un poco excéntrica que prepara una pasta de judías azuki excepcional. Ella comienza a enseñarle la manera precisa de preparar esa pasta y, de poco, el vínculo entre ellos se convierte en una inesperada y entrañable amistad.
El paso del tiempo acompasado con los cambios en la naturaleza, la belleza de lo pequeño, las marcas que dejan las heridas del pasado, la forma en que las personas lidian con la injusticia y el mal, la posibilidad de encontrar algún consuelo en realizar tareas cotidianas con absoluta dedicación: la prosa de Sukegawa aborda todo esto con sutiliza en una historia sencilla y profunda.
Dorayaki, traducida por primera vez al español, ha conmovido a miles de personas de todo el mundo.

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