Locura de lectura

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jueves, 7 de abril de 2016

Passenger books.- Siempre nos quedará París


Muy buenas tardes desde locura de lectura. Hoy traigo una entrada nada convencional en el blog. Y es que París da para mucho, hasta para reinventar una nueva sección bloguera. ¿Su nombre? Passenger books. ¿Y en qué consiste esta nueva sección creada por locura de lectura? Pues en recordar el lugar que has visitado, recientemente o no, y dárnoslo a conocer a los demás recreando escenarios de libros leídos. O aunque los escenarios no sean exactamente los de las novelas, también los puedes interpretar y hacer creer que fueron lugares donde se desarrollaron los hechos. Échale imaginación, ya sabes que respecto al ingenio y creatividad, todo vale!!! Además  de disfrutar doblemente el viaje, recrearás situaciones leídas tiempo atrás que creías olvidadas, pero que parece no lo están.

Y es que después de mi viaje a la ciudad del amor y con las más de seiscientas fotos que he disparado desde mi cámara, he pensado que relacionar algunas de ellas con libros que han tenido lugar en esta encantadora ciudad, es el mejor homenaje que le puedo rendir a mis deseadas vacaciones. París es precioso, así de rotundo y así lo siento. Y aunque el tiempo no ha sido muy bueno,  nos lo hemos pateado de día y de noche. Sus cafés, floristerías, avenidas, jardines, edificios... todo nos ha gustado, pero tengo que decir que la iluminación nocturna es simplemente espectacular. París es siempre una buena idea, decía mi actriz por excelencia Audrey Hepburn en Sabrina y estoy muy de acuerdo con ella. ¿Nos vamos de viaje?

Imagen encontrada en internet
A pie de calle



Pernoctar a escasos 500 metros de la torre Eiffel, como fue el caso, no está nada mal ya que te permite visitar tan emblemático monumento no solo de día, sino también de noche. Ver sus distintos amaneceres e iluminaciones noche tras noche, no tiene precio.

Por cierto, en su segunda planta hay un restaurante, Le Jules Verne muy solicitado por Rosalie, protagonista de Siempre nos quedará París del escritor Nicolas Barreau. Ella soñaba, entre otras muchísimas cosas, con que algún día alguien quisiera cenar con ella en el tan aclamado restaurante. Decía que cuando llegara ese día, caería rendida a los pies del acompañante. Resultó que quien lo hizo no era precisamente su amor platónico.

Seguro que habéis oído hablar de la famosa librería Shakespeare and Company. Se encuentra muy cerquita de la catedral de Notre Dame y yo moría por visitarla. Entrar en ella es como dar un salto en el tiempo. Ya desde fuera tiene encanto, pero cuando accedes a su interior donde se esconden miles de ejemplares, todos ellos en inglés y francés, enloqueces como amante de los libros que somos. Subir esas minúsculas escaleras que dan acceso a pequeñas habitaciones repletas de libros con todo tipo de ediciones, el olor que allí dentro se respiraba y su silencio, algo que me llamó la atención, es realmente cautivador. Por cierto, nada más entrar a ella y situado a ras del suelo se encuentra el pozo de los deseos, no te lo pierdas. Un placer haber podido visitarla en dos ocasiones durante mi estancia. 

Librería Shakeapeare and Company

     
Notre Dame es impresionante, la mires por donde la mires, de día y de noche, desde dentro y por fuera, desde arriba y desde abajo. Espectacular. No me cansé de mirarla y pasear por sus alrededores en varias ocasiones e incluso en distintos días, además paramos a cenar en un restaurante que daba a su fachada principal y no pude dejar de mirarla.

 
Como ya sabéis Víctor Hugo se basó en ella para escribir  Nuestra Señora de París, con lo que más magia aún respiraban sus muros. Nosotros subimos sus cuatrocientos escalones para estar muy cerquita de sus famosas gárgolas y poder obtener una de las mejores vistas de París. Fue emocionante, sinceramente. Prometo que me pareció ver al jorobado entre la oscuridad del campanario, lástima que no pudiera captarlo con mi cámara. 

Puerta de la casa de Víctor Hugo



Y como no podía ser de otra manera, yo  tenía que visitar la casa donde vivía el aclamado escritor Víctor Hugo. Una pena que estuviera cerrada porque ya era tarde, y al día siguiente ya no podíamos volver, pero esta es la foto que le hice a la placa que custodiaba la puerta de su casa.

"El amor semeja un árbol: se inclina por su propio peso, arraiga profundamente en todo nuestro ser y a veces sigue verdeciendo en las ruinas de un corazón"     
 (Víctor Hugo)




Y sin haberlo buscado,  sin querer y al dar la vuelta a una esquina me encontré con Amelie!!! Qué agradable encuentro y qué sorpresa el haber podido contemplar junto a ella la frutería del señor Collignon. ¿Hay algo más bonito que lograr hacer feliz a las personas que se encuentran a tu alrededor? Pues ese precisamente era el propósito de Amélie, aquella carismática camarera que nos sorprendió a todos por igual hace ya algunos añitos. Si quieres ir a visitarla, se encuentra en la Rue 3 Fréres 56. Ella estará encantada de recibirte, te lo aseguro.


Actualmente Au Marché de la Butte
Y quiero creer que en alguno de los edificios que se ven al fondo de la imagen y muy cerquita del Sena vivía Renné, portera del inmueble de La elegancia del erizo, quien junto a Paloma, aquella ingeniosa niña que a mí especialmente me cautivó,  establecieron aquella bonita relación de amistad que aún hoy recuerdo a pesar de los años que han pasado desde que leí la novela.


Atardecer en París, es simplemente cautivador, y por ello Nicolas Barreau nos lo hizo saber en el libro que lleva ese mismo título. Y es que Alain Bonnard, romántico protagonista de esta esta historia quiso que supiéramos lo mucho que estaba enamorado de Mélanie, aquella chica que siempre visitaba su cine de barrio y que apenas sabía de ella, exceptuando aquel abrigo rojo que le llamaba poderosamente la atención.

Cualquier Restaurante de cualquier calle de París


Y del mismo autor, La sonrisa de las mujeres caló muy dentro, ya que el escenario donde se desarrollaba la historia era en el restaurante Le temps de Cerises, aunque todo comenzó en una preciosa librería cualquiera de París. Y aunque la foto que cuelgo no es exactamente el coqueto restaurante de nuestra protagonista, sí que me acordé del libro en cuanto lo vi, por eso he querido subirla en esta entrada. Me parece  una terraza tan bonita...



Y seguimos pateando París,  parece que en cualquier momento vaya a salir Remy y nos vaya a preparar el mejor Ratatoille que hayamos comido nunca, pero aunque lo busqué en varias ocasiones, no llegó a aparecer. Lo que sí encontramos fueron floristerías a cual más bonita y algo que me llamó mucho la atención. Y es que muchas de las entradas por las que accedías al metro eran realmente sacadas de un libro, eso sí, no sabría decirte cual...


Una floristería y boca de Metro cualquiera... ambas respiran París a pleno pulmón
Y hasta aquí mi nueva sección Passenger books, más larga de lo que pensaba, y eso que me he tenido que contener una y mil veces para no subir cientos de fotos. Me encantaría saber cuál será el destino de mi segunda entrada de Passenger books. Mientras tanto viajaré leyendo... y mucho!!!


Entrada al Louvre... No puedo evitar pensar en El código Da Vinci
 Bsss y a por el fin de semana!!!

3 comentarios :

  1. Tengo que ir a París! Envidia me has dado.
    Besotes!!!

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  2. Que preciosidad de ciudad. Y que magia tiene :)
    Nos leemos! Un saludo ;)

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  3. Voy justo a París a finales de mayo! Tu entrada me ha hecho estar aún más emocionada!

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